¿Qué es el café de especialidad y por qué no todos los cafés saben igual?

Hay cafés que simplemente tomamos y hay otros que despiertan la curiosidad.

¿Por qué uno puede recordarnos al chocolate y otro tener una sensación más frutal? ¿Por qué algunos cafés resultan suaves y dulces mientras otros tienen más cuerpo o intensidad?

La respuesta empieza mucho antes de preparar la taza.

¿Qué llamamos café de especialidad?

Cuando hablamos de café de especialidad nos referimos a cafés en los que existe una mayor atención sobre su calidad y trazabilidad, desde el origen del grano hasta su preparación.

Importan la región donde fue cultivado, la variedad, la altura, el proceso que recibió el café después de la cosecha y, por supuesto, el tostado.

Todo eso termina expresándose en la taza.

Por eso dos cafés pueden prepararse exactamente de la misma manera y ofrecer experiencias completamente diferentes.

El origen cambia el café

El café es un producto agrícola.

El suelo, la altura, el clima, las lluvias y las condiciones de cada región influyen directamente sobre el grano.

Un café cultivado en Brasil puede tener un perfil muy diferente de uno proveniente de Colombia, Costa Rica, Guatemala o Perú.

No significa que uno sea mejor que otro.

Significa que cada origen puede expresar características distintas.

Ahí empieza una de las partes más interesantes de aprender sobre café: descubrir qué perfiles disfrutamos más.

¿Chocolate, caramelo, frutas? ¿El café tiene esos ingredientes?

No necesariamente.

Cuando una etiqueta habla de notas a cacao, caramelo, frutos rojos, miel o ciruela, está describiendo sensaciones aromáticas y sabores que podemos asociar naturalmente con esos alimentos.

Es parecido a lo que ocurre cuando se describe un vino.

El café sigue siendo café.

Pero su origen, variedad, proceso y tostado pueden generar aromas y sabores que nos recuerdan a otros productos.

Y no hace falta ser catador para disfrutarlos.

Con prestar un poco más de atención a la taza alcanza para empezar.

El tostado también hace la diferencia

Un buen grano puede cambiar muchísimo dependiendo de cómo sea tostado.

Durante el tostado se desarrollan los aromas y sabores que después vamos a encontrar en la taza.

Por eso el trabajo del tostador no consiste simplemente en “cocinar” café.

El objetivo es encontrar un perfil de tostado que permita expresar de la mejor manera posible las características de cada café.

Un mismo tostado aplicado indiscriminadamente a todos los granos puede terminar ocultando parte de esas diferencias.

Entonces, ¿cómo empezar a probar café de especialidad?

No hace falta aprender decenas de conceptos de golpe.

Podés empezar preguntándote algo mucho más sencillo:

¿Cómo me gustaría sentir mi café?

¿Más suave?
¿Más intenso?
¿Dulce?
¿Con más cuerpo?
¿Con cierta acidez?
¿Con perfiles que recuerden al chocolate o al caramelo?
¿O quizás algo más frutal?

Probar distintos orígenes es una excelente manera de descubrirlo.

El café también se aprende tomando café

Entender de café no significa memorizar términos técnicos.

Significa empezar a prestar atención.

Al aroma cuando abrimos el paquete.
A cómo cambia el café según la molienda.
A la temperatura del agua.
Al método que utilizamos.
Y, sobre todo, a lo que sentimos cuando lo tomamos.

Con cada taza empezamos a reconocer diferencias que antes podían pasar inadvertidas.

Y ahí es donde el café se vuelve todavía más interesante.

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